Patologías en Proyectos – No.4

4 – CONSECUENCIAS DE ESTAS PATOLOGÍAS

Con esta entrada, concluimos la serie: Patologías en Proyectos. Son varias las consecuencias de las fallas descritas en todas las entradas anteriores, tales como:

Ofertas de construcción más caras.
Es evidente que si se diseña sin la adecuada optimización, la obra a realizar necesariamente será más cara. Además, los diseños deficientes a nivel de detalle y especificaciones técnicas crean incertidumbre en los oferentes, la cual siempre se traduce en un mayor “coeficiente de seguridad” o partida de imprevistos. La LACAP no ayuda en ese sentido, sino al contrario.

Dificultad para conseguir concurrencia
Cuando los oferentes encuentran tantos problemas para poder realizar una oferta, es habitual que se desanimen y desistan de participar. En muchos casos, los malos diseños y la opacidad de los datos económicos y falta de flexibilidad en ese sentido han dado lugar a que desistiéramos de participar en proyectos que nos resultaban interesantes y que posteriormente quedaron desiertos.

Retrasos en las obras.
Cada problema de diseño aparece sin falta en algún momento de la obra (o más tarde durante la vida útil), y la resolución de los mismos consume tiempo y recursos; la falta de capacitación, competencias y la reticencia a asumir responsabilidades de modificar el diseño, dan lugar a demoras todavía mayores hasta que se decide cómo resolverlo. Al final, la obra se atrasa, lo cual es malo para todas las partes involucradas.

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Sobre costos en las obras.
Tanto por usar proyectos no optimizados (usan más materiales que los necesarios o procesos más caros que en caso de tener diseños de calidad) como por los propios problemas de la obra (demoras, soluciones que precisan más materiales, reparaciones, etc.), se generan sobre costos que pueden llegar a ser muy importantes, al compararse con los que se podrían obtener con un buen diseño (menos materiales y menos problemas). No hay conciencia de esto en las instituciones contratantes, y lo peor, no les quita el sueño.

Suspensión y abandono de obras.
Los problemas en las obras pueden llegar a afectar tanto al desarrollo del proyecto que puede llegar a paralizar el mismo; esto puede venir originado en la falta de soluciones a corto o medio plazo, la descapitalización del contratista (no es su culpa y sin embargo queda sin liquidez para operar al comérsela los costos indirectos), etc. En mi opinión, muchas instituciones no manejan de forma responsable los proyectos con problemas, reteniendo los pagos al contratista y ahogándolo económicamente; para colmo, al no poder continuar la obra, lo rematan ejecutándole las fianzas, lo que da lugar a la destrucción del tejido productivo del país, además, de forma injusta. Y lo que justifican después es que la “víctima” (en muchos casos la empresa no tiene responsabilidad alguna en las paralizaciones, generándose costos no reconocidos), acaba presentándose como la “culpable” (“constructora irresponsable abandona la obra” y otros titulares similares). Por ello, la desconfianza en las instituciones se ve muy afectada (y no estamos hablando de corrupción, que eso es capítulo aparte).

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Problemas de funcionalidad, resistencia y durabilidad en los proyectos.
Aquellos problemas de diseño que no aparecen durante la ejecución, lo hacen tarde o temprano durante la vida útil del proyecto, lo que hace que los fondos públicos se usen de forma inadecuada, generándose deseconomías importantes que este país no se puede permitir. P. ej.: durante la reconstrucción de un vano del puente sobre el río Titihuapa, en 2003, donde se sustituyeron dos bóvedas caídas por un vano de 22 metros, se hizo notar ante el responsable del MOP que el estudio hidráulico del río no tomaba en cuenta la sección hidráulica del puente, y que en la avenida máxima el nivel era un metro mayor que la rasante. La respuesta fue algo así como “no hay fondos para más”. Durante el Ida (solo siete años después), las cuatro bóvedas originales se taponaron con ramas y árboles, dejando trabajando únicamente al vano nuevo; el agua rebasó holgadamente la estructura, lavó y socavó (varios metros) el estribo sobre el que apoyaba el nuevo vano, que perdió apoyo, se inclinó y acabó volteado unos 20 metros adelante del puente. Los puentes nuevos “provisionales”, si bien han aumentado drásticamente la sección hidráulica, no han elevado la rasante. El gasto que se hizo en su día “por ahorrar” no solo se ha perdido, sino que ha exigido un nuevo gasto (puente provisional) antes de que se haga el puente que realmente necesita ese río (lo cual es ineludible). Como dicen en mi tierra, aquel proyecto fue “pan para hoy y hambre para mañana”.

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Problemas de mantenimiento.
Los malos diseños dan lugar a que se deteriore o dañe la estructura o partes de ella pero no de forma crítica, pudiéndose restituir dentro de las labores de mantenimiento, lo que supone un incremento de dichos costos en comparación con diseños adecuados. Un ejemplo típico podría ser el de las juntas, que no se tratan adecuadamente y tienen muy corta vida útil; el puente del Árbol de la Paz podría ser un buen ejemplo en ese sentido; el del hermano lejano, con su barrera de esquina permanentemente golpeada, puede ser otro.

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Aumento de riesgos laborales.
Los diseños que no cuidan los procesos constructivos suelen dar lugar a que se exponga a los trabajadores de forma innecesaria, bien por indefinición (la constructora busca economías que no son compatibles con la máxima seguridad de los trabajadores), bien por deficientes planteamientos. La falta de especificaciones técnicas particulares en ese sentido es lo que más afecta a la seguridad: si no se pide, no se hace.

Descrédito y reducción del sector de ingeniería.
Es evidente que los problemas en diseño están dejando en mal lugar a todo el sector de la ingeniería en el país, máxime en proyectos con agentes internacionales, donde la repercusión traspasa las fronteras. La desaparición, mutación o migración de las empresas con mayor nivel de calidad es un hecho desde hace años, y según se mantiene la tendencia más difícil va a ser una posible recuperación.

Ídem del sector de construcción.
De forma similar, las empresas constructoras nacionales han enfrentado multitud de problemas financieros originados en parte por lo deficientes proyectos, lo que ha contribuido al quiebre de varias de ellas (las más pequeñas) y al alejamiento de otras de las licitaciones institucionales, centrándose en las privadas o incluso en el exterior. A raíz de ellos, se están introduciendo empresas foráneas, que no solo dan lugar a una fuga de divisas, sino que agudizan la crisis de las empresas constructoras locales, que con suerte trabajan como subcontratistas de aquellas. Es evidente que cualquier país precisa de un sector empresarial fuerte para contribuir a su desarrollo, por lo que la debilitación del sector tiene su reflejo en la economía nacional.

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